Me llamo Sebastián aunque por alguna razón que aún no comprendo, muy pocas personas me llaman así. Me llaman "Gordo", "Gordopilo", "Gordito" que se parecen tanto a mi nombre como un huevo a una castaña. También me llaman "Sebas", pero creo que sólo lo hacen porque es más cómodo. Mi madre es de Buenos Aires, mi padre de Madrid y yo... YO SOY ¡MALAGUEÑO!

28 agosto 2005

ATARDECER EN LA PLAYA


Ese que ven ahí, sentado en esa silla de playa, soy yo. Me han sentado ahí para la foto aunque luego me he quedado un rato más. Me he dado un baño. El agua estaba fría, muy fría para mi delicada piel. Y gritaba, gritaba mucho. Hasta que he empezado a hacer submarinismo y entonces todo el frío se me ha pasado y he empezado a disfrutar del baño.

Después he andado mucho por la arena. Me he arrastrado por la arena y he comido un poco de arena. La rena de la playa no es muy rica, no la de esta playa, que tiene un color oscuro, como de petróleo. Pero me la he comido igual.

Me lo paso bomba en la playa. Y después duermo como una marsopa. O como un bebé. El otro día me quedé tan dormido que me cambiaron el pañal y yo no me enteré de nada. La playa cansa, pero eso no importa porque me lo paso rebien.


24 agosto 2005

RESFRIADO


Estoy resfriado. Eso dicen estos dos, que he cogido un resfriado. Yo no he cogido nada, de verdad que no. Vamos, que cojo cosas pero que luego las suelto y las lanzo contra el suelo para ver cómo suenan. Y no, no recuerdo haber cogido nunca un resfriado. Ni siquiera sé en que cajón o en qué armario lo guardan.

Es incómodo el resfriado. Tengo la nariz llena de mocos. Y la garganta. A lo mejor no es un resfriado sino que me están saliendo un montón de dientes a la vez. Quizá no sean tampoco los dientes ni el resfriado que agarré en algún armario sin darme cuenta y sea otra cosa.

Da igual, porque resfriado y todo, voy a la playa. A broncearme. A darme largos baños de sol y de sal. A jugar con la arena ardiente. A llenarme de arena hasta los párpados.


23 agosto 2005

LA MUDANZA, EPISODIO TRES


La casa nueva es un poco más pequeña que la que teníamos antes, pero el mar está mucho más cerca. Y es mucho más luminosa. Cuando hemos llegado, no había nada de nada, así que me he recorrido la casa con mi nave espacial de norte a sur, abriendo cajones, abriendo y cerrando puertas... Después ha llegado un señor que ha traido un montón de cajas llenas de cosas. Todo, menos mi cuna.

Desde hace un par de días soy Paleño. Del barrio de El Palo.


22 agosto 2005

LA MUDANZA, EPISODIO DOS


La nueva casa es muy blanca y tengo una habitación más grande para mí. Como soy ya muy grande han decidido que ya no duermo más en cuna, que mejor una cama. En realidad estos dos llaman cama a cualquier cosa porque lo único que tengo es un colchón tirado en el suelo rodeado de almohadones. Al principio me ha costado adaptarme al colchón, pero no demasiado.

Por lo visto, la señora que nos iba a alquilar la nueva casa dijo que No el último día, justo cuando ya estábamos recogiendo las cosas y metiéndolas en cajas. Así que, durante un par de días, estuvimos flotando en una especie de limbo. Mi tía Daniela nos sacó de ese limbo y nos dejó estar en la guardería mientras encontrábamos una nueva casa. Y ahí estoy, en el limbo, sentado en un columpio.

Al verme, nadie diría que estábamos en el limbo


19 agosto 2005

LA MUDANZA, EPISODIO UNO


Estos dos que son mis padres han decidido cambiar de casa. Dicen que nos vamos a un barrio más bonito, a una casa que está más cerca del mar. Eso fue en Feria. En la Feria de esta ciudad que es mía.

Dicen que dejaré de ser perchelero para ser paleño.

De momento, y ante la incertidumbre, una hermosa borrachera con Cartojal...


10 agosto 2005

EL ESCONDITE


La casa está llena de cajas porque nos cambiamos de casa. Y ahora que está así, aprovecho para esconderme. Es muy divertido jugar al escondite, sobre todo cuando soy yo el que me escondo. Cuando se esconden estos dos no me hace tanta gracia porque tardo muchísimo en encontrarlos. Y me desespero, por qué negarlo.

07 agosto 2005

SECRETOS


Esa cabellera oscura es la de Gloria. Gloria me cuenta secretos. Acerca su cara a mi cara y me cuenta un montón de cosas. Habla muy bajito, cuchicheando. Es un tono de voz tan bajito que, para escucharla bien, tengo que callarme y estar muy atento. Y me habla y me dice y yo me entero de un montón de cosas que no sabía y que, ahora que las sé, también son un secreto. Y los secretos no se cuentan, para eso lo son. Y menos los secretos de los amigos. Y Gloria lo es. Así que, aunque no me den de comer ni me dejn dormir, aunque me quiten todos mis juguetes o me obliguen a dormir en el suelo no lo contaré.

Pero estoy pensando que en realidad no es más que un truco para que deje de gritar, de chillar o de patalear. Que no es más que una artimaña que les está enseñando Gloria a estos dos para los momentos en los que no hago más que quejarme por todo. Porque el otro día, mi padre empezó a contarme un secreto y... bueno, tampoco se lo puedo contar porque es secreto, pero creo que lo que me contó no lo era. ¿Es un secreto que el hombra jamás puso un pie en la Luna?


06 agosto 2005

LAS TORRES


Uno de los juegos que más me gustan es tirar torres. Cualquiera de estos dos construye una torre y yo me lo paso bomba tirándola al suelo. Puedo pasar horas así. Cada nueva torre es un poco más alta que la anterior y tiene de todo: unos cubiletes de plástico formando la base, unas piezas de madera de muchos colores después y coronando la torre, cualquier cosa que encuentran. Como la torre cada vez es más alta, tardan más tiempo en levantarla y yo aprovecho para jugar a cualquier otra cosa. Vamos, que dejo de prestarles atención. No me interesa tanto saber cómo se construye esa torre, me interesa saber destruirla y que, al caer, haga mucho ruido.

En esa foto, la torre está inclinada y está en el movimiento de caída hacia el suelo. Si se fijan bien, verán mi enorme cara de satisfacción.


05 agosto 2005

EL TELEFONO MOVIL


Mi madre me hace todas estas fotos con el teléfono móvil. No me pregunten como lo hace, pero es así. El teléfono móvil de mi madre es rojo y además tiene músicas. No tiene una sola música sino que tiene varias. Apretando algunos botones suenan esas músicas que tanto me gustan. Son melodías muy graciosas.

Si mi madre no me da el móvil no dejo que me cambien el pañal, aunque tenga mierda hasta la espalda. Empiezo a retorcerme y a girarme más que nada porque no entiendo por qué tienen que tumbarme para cambiarme el pañal si ellos, para cambiarse de bragas o de calzoncillos no lo hacen, se quedan siempre de pie. Por qué yo tengo que estar en esa posición y me tienen que levantar las piernas en una postura incomodísima si, con un poco de ayuda, soy capaz de estar de pie. No lo entiendo. Así que mi madre me da su teléfono móvil que hace fotos y que tiene músicas y me concentro tanto en eso, en ese artefacto que no pesa nada, que ni siquiera me doy cuenta de que me están cambiando el pañal.

Me gusta tanto que, cada vez que se acerca con el teléfono rojo, trato de cogérselo. Como en esta foto.


04 agosto 2005

MI CALLE


Ese que ven ahí montado en una nave espacial soy yo. Y eso que me rodea, es mi calle. Es la primera vez que salgo a la calle así, montado en mi nave espacial. Me ha gustado la calle mucho. He visto muchas cosas: he visto árboles y los he tocado, le visto a un gato que ha escapado cuando he intentado caercarme a él, le visto una mierda de perro y mi padre ha impedido que la pisara, he tocado la acera que es sucia y fría.

La calle en la que vivo se llama Constancia que, por lo visto, es algo que yo todavía no tengo y que supongo que algún día tendré. Dicen que la constancia es algo así como la tozudez pero disimulada con una bonita palabra. Que queda más hermoso decir que tienes constancia a decir que eres un tozudo o un cabezota. Dicen estos dos individuos que dicen ser mis padres, que algunas veces si tengo constancia, que las veces que grito y grito las hago con verdadera constancia y tenacidad, que no dejo de gritar hasta que me cogen en brazos o se ponen a jugar conmigo.

Creo que el tono en el que lo dicen es más bien de reproche, aunque Constancia sea una virtud muy valorada.


03 agosto 2005

SANTI


Esa mujer que me sostiene y me sonríe es Santi, mi estanquera favorita. Hay otras mujeres que venden cigarrillos en esta ciudad, pero ninguna es tan simpática como Santi. Y como su marido, Antonio. Y como sus hijos. Cuando voy al estanco, siempre me saludan y me preguntan cómo estoy y me regalan caramelos. Pero a mí lo que me gusta son los paquetes de tabaco porque son muy manejables: no son demasiado grandes ni demasiado pesados y, cuando están cerrados, puedo morderlos y morderlos sin que se rompa nada, sin que llegue a comerme el cartón con el que están hechos.

Santi sabe mucho de fútbol. Como mi madre. Así que he sacado en claro una cosa: el fútbol es cosa de chicas, son ellas las que más saben. Mi padre dice que el fútbol es un juego extraño y muy aburrido, que es mucho mejor el baloncesto. De hecho, el otro día en un bar, un chico me dijo que, de seguir creciendo así, debería jugar al baloncesto. Lo mismo que dice mi padre. Así que he sacado otra cosa en claro: el baloncesto es cosa de chicos. Yo soy chico, así que debería gustarme el baloncesto y aburrirme el fútbol. En cuanto sepa de qué estoy hablando, les explicaré de qué soy aficionado.


02 agosto 2005

TARZAN


Dice mi padre que Tarzán es un tipo que se pierde en la selva y lo cuidan unos monos y, sin comerlo ni beberlo, se convierte en rey de esos monos. Dice que ese sujeto se pasa el día entero con un pañal y que, para desplazarse, usa unas cuerdas que cuelgan de los árboles y que se llaman lianas. Dice que, esete individuo llamado Tarzán en realidad tiene otro nombre y que se pasa el día gritando, ensayando una especie de alarido. Dice que lo usa cuando algo o alguien está en peligro, cuando él mismo está en peligro. Dice que cuando los bichos escuchan ese grito, van al sitio en donde está Tarzán.

Dice mi padre que soy Tarzán.

Que me paso el día sólo con el pañal, como Tarzán y su taparrabos.
Que para desplazarme uso los brazos y las manos de otros, como si fueran lianas y que sólo así logro mantenerme en pie. Como Tarzán.
Que, auqnue todo el mundo me llama Gordo, Sebas o cualquier otra cosa, yo me llamo Sebastián. Como el bueno de Tarzán que en realidad se llama ¿Henry? ¿Timothy? ¡Da igual!
Que grito tanto y tan fuerte como Tarzán, que tengo sus mismos pulmones.
Que. como él, me ducho bajo la cascada de agua que sale de la ducha.
Y que debo estar miles de veces al día en peligro, porque paso mucho tiempo gritando. Y que estos dos, cuando grito mucho, vienen a ver qué pasa, como si fueran los bichos que siguen el alarido de Tarzán.

Creo que estos dos se están hartando de que sea Tarzán.