Me llamo Sebastián aunque por alguna razón que aún no comprendo, muy pocas personas me llaman así. Me llaman "Gordo", "Gordopilo", "Gordito" que se parecen tanto a mi nombre como un huevo a una castaña. También me llaman "Sebas", pero creo que sólo lo hacen porque es más cómodo. Mi madre es de Buenos Aires, mi padre de Madrid y yo... YO SOY ¡MALAGUEÑO!

30 octubre 2004

DE PASEO


Ese señor que sale conmigo en la foto sujetándome en brazos es el camarero de un bar al que he llevado a mis padres hoy. El otro día, fueron ellos los que me llevaron hasta allí, pero hoy he sido yo. A este hombre le caigo muy bien, aunque creo que es sólo porque él ha tenido sólo niñas y no ha tenido ni un chico.Nosotros siempre nos sentamos en la terraza, frente al puerto, y gracias a este hombre he conocido a sus amigos, a otros camareros y, lo que es más importante, he visto el bar por dentro. Y la cocina. Luego todas las amigas de este hombre se han acercado a saludar a mi madre y le han dicho lo mismo, "¡que tenga salú pa criahlo...!".

Después, les he dicho a mis padres que me llevaran de un lado a otro. Pero me pasa lo mismo que le pasa a mucha gente en un tren o en un autobús: me voy quedando dormido, y sólo me despierto cuando el carrito se para. No siempre, porque ha habido un momento en el que me he puesto a soñar con elefantes azules y vacas verdes y, aunque el carrito se ha parado, no he movido ni un músculo. Podría decir que me ha encantado pasear junto al puerto, que el mar estaba hoy más azul que ningún día, que hacía viento del noroeste o que nos hemos cruzado con un montón de gordos como yo... pero les mentiría. No recuerdo haber dormido así de bien desde... ¡desde ayer por la noche, a eso de las tres o cuatro de la mañana!. Ni siquiera he tenido hambre, ni pedos. Ha sido una mañana fantástica.

Luego hemos vuelto a la casa y se ha puesto a llover. Pero ya no me enfado tanto... ¿o si?


CONTENTO


Hoy ha vuelto a salir el sol, así que estoy muy contento. He dormido bastante bien, parece que el cólico que sufrí ayer ya se ha ido con viento fresco.

Hoy he descubierto que soy capaz de distinguir el amarillo. No crean que es una cuestión menor. Al principio, en el momento de nacer, sólo veía dos colores: el blanco y el negro. Todo lo que estaba a menos de 30 centímetros de mis ojos, era negro. El resto, todo era blanco, un blanco luminoso y cegador. Con el tiempo, empecé a distinguir otros colores. El primero, el rojo y con él, las variantes de rojo. Después, el verde y más tarde, el azul. Ahora veo también el amarillo. Y mis ojos enfocan más, parece que el efecto "ojo de pez" está desapareciendo poco a poco, aunque todavía veo las cosas un poco distorsionadas. Hay veces que, por tratar de enfocar bien, por tratar de identificar de una vez por todas a mi madre, me pongo muy bizco, o eso dicen.

También estoy distinguiendo olores mejor y se me está desarrollando el sentido del gusto. Ahora no puedo comprender cómo podía beberme un brebaje que me preparaba mi padre de color oscuro, un líquido horrible que me daba con el biberón de Vélez, una infusión terrible que por lo visto era para aliviar mis gases, para facilitarme eso tan bonito que es tirarme un pedo. O el agua, algo sin sabor, algo que espero no tener que beber nunca jamás. Donde esté la leche de mi madre... ¿quién puede querer beber agua?


29 octubre 2004

HÉCTOR


Héctor, el jefe de mi abuelo Oscár, es el que me ha regalado este espectacular conjunto con la "gloriosa V azulada". Sí, la V de Vélez Sarsfield. Me ven así, con esa cara seria, y es porque llueve. En un día así, mis padres han intentado arrancarme una sonrisa, recordándome que el equipo del que soy socio, el equipo de la "gloriosa V azulada" sigue primero en la Liga Argentina, pero nada. La lluvia me nubla.

Hay dos nuevos gestos e mi catálogo que me están ahorrando un montón de gritos: las patadas-pisotón. Si piso con la pierna derecha, sólo con la pierna derecha, tengo Hambre. Si piso con la pierna izquierda, sólo con la pierna izquierda, tengo Pedos. Si piso con las dos piernas, como si estuviera corriendo, escapando de un incendio, entonces tengo un Quilombo. Por las mañanas muevo más la pierna derecha (hambre) que la izquierda (pedos). Por la noche, es más la izquierda (pedos) que la derecha (hambre). Por la tarde, a partir de las cinco de la tarde suele ser Quilombo. Los días que llueve, y hoy es uno de esos días, todos estos cálculos se van al garete. Porque me he pasado el día gritando y moviendo las dos piernas a la vez. Esto se llama Maxi-Quilombo o Pitote-Mayúsculo. En esos momentos, lo único que quiero es que pase este día de lluvia ya, que me tengan todo el día en brazos, que tenga la teta izquierda de mi madre disponible y a punto y que me hagan todo tipo de juegos y monerías para distraerme. Y si no es así.... Maxi-Quilombo.

Espero que mañana haga sol o que sea todo el día noche, porque si es de noche, no sé si está nublado o hace sol y por lo tanto, hago lo que hago todas las noches. ¿Qué es? Normalmente mover la pierna derecha (hambre) más que la izquierda (pedos). ¿O era al revés?


28 octubre 2004

4.930 GRAMOS


Podría ser el título de una película, pero no, es lo que peso hoy. Hemos ido para pedir hora a la pediatra y me ha dicho que tengo que pesarme 1 vez por semana, así que he arrastrado a mis padres hasta una farmacia con una balanza electrónica muy bonita y un señor con bata blanca, con el mismo aspecto que un panadero, me ha puesto encima de ella y me ha dicho: "¡Pesas 4 kilos y novecientos treinta gramos...Estás criado ya!". Así que hemos salido de allí y para celebrarlo he invitado a mis padres a un bar con un camarero muy simpático que me ha atendido muy bien. Le ha gustado mucho mi nombre. Más tarde, aprovechando que hoy hace un día de sol espectacular, nos hemos ido hacia el centro, más que nada porque quería echarme una siestecita con el ronrroneo del cochecito y así ha sido, así que no tengo mucha idea de dónde hemos estado o qué hemos hecho. Luego hemos ido al mercado, que estaba llenísimo de gente, pero como yo iba montado en carrito, todo el mundo se apartaba cuando me acercaba hacia ellos. No he visto casi nada, porque los puestos del mercado tienen todo muy alto para mí, pero sí he olido cosas, algunas muy ricas otras dulces y algunas amargas. Para celebrarlo, me he tirado un pedo espectacular, pero con el ruido nadie se ha dado cuenta.

Y, en casa, he dicho: "¿Qué tal un baño?" y, a pesar de que mi padre se ha hecho el remolón, como que le daba pereza bañarme, al final han llenado la bañera de agua y me han bañado. Casi al final he pasado un poco de frío y es que este par de padres que me han tocado casi no cumplen ninguna de las cosas que dicen los manuales para niños como yo, por ejemplo, en lo de la temperatura de la habitación, que siempre está a 22º y no a 27,5º que es lo que dicen los manuales. Y, en el agua, me he tirado un pedo-protesta, que es como los otros, pero con mucho más escándalo.

Antes he oido la frase, "Vale su peso en oro", pero espero que ninguno de los dos la haya escuchado. 4930 gramos de oro son muchos euros, a ver si por un puñado de monedas son capaces de venderme a cualquiera. Espero que no, pero por si las moscas, hoy no voy a chillar tanto como ayer. Si los pedos lo permiten, claro...


ESTOY NUBLADO


Hoy estoy nublado, como el día. Ahí me ven, gritando como un loco. Y es que hoy estoy nublado.

Está clarísimo que me encanta el sol, porque con los días fríos o cubiertos de nubes me pongo nublado. No disfruto ni en el baño, y eso que es un momento único. No disfruto ni comiendo que más que comer trago sin control, como si estuviera enfadado con la teta. Y no lo estoy, es que estoy nublado. A ver si se creen que es privilegio de los mayores eso de tener días torcidos, días extraños en los que sin saber muy bien por qué, uno está de mal humor. Todo es molesto, todo. Hasta los pañales son incómodos, eso que ya he pasado a los de la talla 2, que son más grandes y no me aprietan nada de nada. Todo es incómodo y molesto. Y encima el día está nublado.

Todos los juegos del día me han aburrido, sólo quería gritar y patalear porque estoy realmente enfadado con el sol. ¿Por qué hoy no ha querido salir? ¿De qué depende que salga o no? ¿A qué tanta nube gris si luego no llueve nada? No lo entiendo, pero tampoco se lo puedo preguntar a mi madre, porque hoy por hoy, no me entiende. Hasta tengo nublados los pedos, que no quieren salir como en los días de sol. En fin, cada uno tiene sus días. Y hoy es un día nublado y tormentoso. A ver si se hace de noche ya, trato de dormir y llega pronto mañana que ya me he cansado de un día así.


27 octubre 2004

VISITAS


Hoy a venido mi tía Daniela, que tampoco es mí tía, con mis otros tíos, Fede y Natalia, y un tío nuevo, Adrián. Esa es la cara que se me pone de saber que tengo tantos tíos.

No tengo todavía ninguna foto con mi tía Daniela. ¿Por qué? Cuando ellos han llegado yo estaba en el trance que me da después de comer. Después, me he puesto a chillar como un loco porque se me ha atascado un pedo tremendo y hasta que no lo he soltado, he estado pasando de mano en mano como si fuera un muñeco en llamas. Cuando por fin me he tirado el pedo, este sí que ha sido horrible, me he vuelto a quedar en trance. Me han sentado en el cochecito que se compraron el otro día mis padres y ahí me he quedado, dormido y soñando con cosas que no les voy a contar aquí. Después, mi padre ha empezado a poner música, y estaban todos hablando muy alto así que me he quejado, he elevado mi más enérgica protesta y me han llevado a otra habitación. Pero solo no me gusta mucho estar, así que se ha venido mi madre con Natalia a hacerme compañía y a contarme cosas y a jugar al Barco en el Mar, ya saben, ese juego en el que el carrito se convierte en un barco y los que están fuera lo mueven de un lado a otro, como si estuviera flotando en un mar azul y tranquilo... no saben cómo relaja eso del Barquito, aunque he oído una nueva palabra, creo que la ha dicho mi tío Adrián, que me ha llamado la atención: Hamaca. Luego, con el asunto del barco más el esfuerzo del pedo que me he tirado antes, más esto y mas lo otro, mi padre ha decidido cambiarme de conjunto y ponerme uno que hasta la semana pasada me venía grande y que ahora ha encogido (o yo he crecido, pero de eso no estoy tan seguro). Y entonces, se han ido. Así que todavía no tengo ninguna fotografía con mi tía Daniela. Tiene una guardería en Torremolinos. ¿Saben cuánto me gustaría conocerla? ¡Muchísimo! Pero de momento no tengo palabras para decírselo, vamos que las tengo pero que no se pronunciarlas, sólo se decir uhahuhahhiiihhhmmmmmmmahhhuuuu.

¿No me entienden? ¿Y que creen, que yo a ustedes sí? A mi madre, y con eso me sobra y me basta.

Y el Unicaja pierde en Barcelona (baloncesto) y el Málaga sólo pudo empatar con el Depor. Ah, y Vélez es quinto. aaaahhhuuuhhhmmmmmooooooaaahhhhiiiiimmmmmm.


26 octubre 2004

JUEGOS


Ahí donde me ven estoy volando en una alfombra mágica. He recorrido toda la casa volando en mi alfombra. Aún no tengo dominado el sistema de navegación de la alfombra, no logro que suba todas las veces que lo deseo ni que baje hasta donde yo quiero, pero creo que seré capaz de lograrlo.

Hoy he jugado a un montón de juegos. Algunos son idea mía y otros no. La verdad es que, de momento, me dejo llevar. A mediodía, por ejemplo, he jugado a La Noche se Mueve con un pañuelo de seda cubierto de lunas y de estrellas y, de verdad, la noche se movía y me envolvía y yo trataba de cogerla, con una mano o con la boca. Un par de veces me ha ayudado Doin-Doing, el títere-arlequín, otras veces lo he intentado yo solo. ¡No saben cómo se mueve la noche, yo que creía que era algo estático! Más tarde he jugado a Vengador Tóxico que, básicamente consiste en que mi padre se enfrenta a mí, Toxic Avenger, y yo sólo tengo mis pedos para acabar con él y la amenaza que representa para el planeta tierra. Luchamos, pataleo y siempre consigo tirarme dos o tres pedos enormes, a veces entre gritos que no son de dolor sino para asustarle. Más tarde hemos jugado a Saigon y la alfombra voladora se ha convertido en un helicóptero, cómo vibran los helicópteros, y al ritmo de la marcha de las walkirias hemos bombardeado con pedos distintas áreas de la casa ocupadas por vietnamitas invisibles que querían apropiarse de mi cama, del carrito de mis padres o de la cocina. A veces también jugamos a las películas, ya saben cada uno interpreta un personaje de una película y representamos escenas. Hoy, yo he hecho de Marlon Brando en "Apocalypse Now", acariciándome la cabeza con el rostro serio y diciendo "¡El Horror!¡El Horror!" mientras me tiraba un par de pedos para entonar la escena.

Y así me paso el día, jugando a cosas extrañas. Hoy he ido a la playa y sí he visto el mar y he tocado la arena. Y he visto agua, he pensado en un baño e inmediatamente me han entrado unas ganas terribles de comer...


25 octubre 2004

HAMBRIENTO


Ese soy yo, comiéndome un dedo como si fuera un chorizo o un trozo de churrasco.

Tengo hambre. Mucho hambre. Como y no me dura nada el estómago lleno, enseguida reaparece el dragón ese que me quema las tripas, ese que sólo se contiene cuando como. Pasan dos horas, sólo dos horas y el dragón reaparece. Y como, les juro que como con ganas. Me paso mucho rato comiendo, mucho mucho tiempo, para estar seguro de que el dragón que me quema las tripas me va a dejar en paz. Pero siempre quiere más y más. Y cuando me pasa eso, me comería todo. Me comería el mundo. Me comería hasta un dedo. Caníbal, sí. Mi padre dice que cada día peso más y yo creo que cada día estoy más delgado, creo que me están sometiendo a un régimen terrible, creo que me dan menos comida de la que necesito. Si supieran mi angustia... Termino de comer y entonces me tiro dos o tres pedos y siento que se me ha hecho hueco en la tripa, siento que podría haber comido más y me desespero y grito y pido más, ¡dame otra vez la teta, por favor! y cuando grito vomito algo, y al hacerlo me queda más hueco, tengo que comer, tengo que comer, el dragón va a reaparecer rápido si no como más y grito y a duras penas logro que mi madre me vuelva a dar su teta, esa fuente de comida, esa taberna, ese asador... Y me lleno otra vez, esta vez me aseguro de tirarme los pedos según voy comiendo para tener hueco suficiente y retrasar la aparición del Dragón Ardiente, ¡si supieran cómo es! ¡es terrible! ...

Después, si hay suerte, me quedo dormido. Entonces sueño que estoy en un paraíso de color verde y que abro la boca y que sólo respirar es comer, basta con abrir la boca como un pez para que el paraíso verde me dé de comer, de algo que es tan rico como la leche de mi madre.


23 octubre 2004

MOTORIZADO


Hoy, aprovechando que cumplo un mes, me han comprado un carrito. En realidad, se han comprado un carrito.

Antes, hasta esta misma tarde, yo colgaba de una especie de mochila que se sujetaba en el pecho de mi padre. No era muy incómodo. Pero cada día que pasa, estoy un poco más grande y peso un poco más. Así que son ellos los que se han comprado un carrito para llevarme de un lado para otro. Además, han discutido, bueno discutir es exagerado, han discutido por ver quién de los dos me empujaba, como si el carrito fuera suyo y se hubieran olvidado que era mío. Es, desde luego, más cómodo. Y puedo ver la ciudad, o más exactamente, muchas manchas de colores que se abren paso ante mis ojos, ante mi mirada de ojo de pez. Ya saben, esa mirada esférica que distorsiona todo lo que ve. Por eso, ante ese aluvión de imágenes que se abalanzan sobre mí, cierro los ojos y finjo que me duermo. Es más encillo y me canso menos. Otra cosa en en casa o en espacios cerrados, que me cuesta menos abrir los ojos. Pero en la calle... no, en la calle todavía no.

Cuando me han sentado en el carrito que se supone que es para mí pero que en realidad es para ellos, he sonreído. No ha sido un movimiento involuntario, no. ha sido plenamente consciente. Es mejor reír que llorar, porque por mucho que llore no voy a lograr que las cosas cambien, no voy a lograr que me sigan llevando en el capazo que es una mochila que se cuelga del pecho de mi padre. Y así les pongo contentos y creen que me gusta. ¿Quieren saber la verdad? Ni siquiera sé de qué color es.

A partir de ahora ya sé dónde voy a ir cuando vayamos de paseo. Sentado o, más bien, recostado, en su silla. Menos mal que tienen que empujar ellos...


SOCIO DE VELEZ


Soy el socio 6120. ¿No les parece estupendo?

22 octubre 2004

GESTOS


Eso que ven ahí es mi boca. Está haciendo un gesto nuevo, un gesto que es algo así como "¿Se puede saber por qué tengo que dejar de comer ahora?"

A estas alturas, a punto de cumplir mi primer mes en el espacio exterior, he encontrado un sistema de comunicación que, para mí, es espectacular: mi cuerpo. Desgraciadamente, todo lo que digo, todo lo que expreso cuando muevo las manos o arqueo las cejas es malinterpretado. Por ejemplo, doy muchas patadas al aire. Más con la pierna izquierda que con la derecha. Ellos dicen "¿Será zurdo?". Yo digo: "¡Cómo aprieta el pañal!". Otras veces muevo mucho los brazos y abro la boca, algo que podría ser una sonrisa. Ellos dicen, "Parece contento el Gordo". Yo digo, "¿no vamos a volver a la playa nunca más?". Y así, constantemente.

Y luego me pasa algo sorprendente. Algo que sé que no les pasa a ellos. Cuando me quedo mirándoles y ellos no se mueven durante 30 segundos, su imagen se queda clavada en mi cerebro durante 5 minutos o más. Así que, por ejemplo, cuando me abandonan en un cacharro verde que para mí es césped aunque es sólo un sofá, no me pongo nervioso porque siguen estando delante de mí. Esto sólo pasa si ellos no se mueven durante esos 30 segundos, si están absortos mirando la televisión o leyendo un libro o durmiendo. A partir de ahí, poco a poco, se van difuminando, lentamente, y muevo los brazos y trato de hablar y decir "¡No me dejéis aquí, también quiero ir a ese sitio que vais!", trato de atrapar la imagen que aún está en mi cerebro, llamar su atención. Al final, lo único que queda de ellos es la sonrisa. Supongo que es por eso que creo que mis padres se parecen al Gato de Cheshire, ese gato que se va diluyendo en el aire hasta que de él sólo queda una sonrisa. Y hasta cierto punto es así, porque estos dos, mi madre (la propietaria de la teta más bonita del mundo) y mi padre (ese señor con gafas que asegura ser mi padre) siempre sonríen. Al menos siempre que están conmigo.


CONSTANZA


Esta mujer se llama Constanza y también quiere ser mi tía. Es argentina y sale aquí porque es un cielo. Es una mujer muy grande, sus manos son casi tan grandes como yo. Eso debe significar que tiene el corazón muy grande, que no le cabe en el pecho y que por eso es así. Eso es lo que me ha contado mi madre y, claro, yo me lo creo porque si me lo dice mi madre debe ser verdad.

Constanza trabaja en una tienda que está muy cerca de la estación de tren, aunque puedo jurar que no sé qué es eso. Es extraño, pero a estas alturas mi padre aún no me ha llevado a ver ningún tren. Cuando Constanza me coge en brazos o simplemente cuando me ve, le cambia la voz y lo que antes era una voz recia, la voz que estoy seguro que imaginan en una mujer así de grande, se convierte en pura música. Y, además la entiendo, porque marca mucho las vocales que, como saben, es lo único que puedo comprender.

Después de ver a Constanza hemos ido a un centro comercial. No me ha gustado mucho, hacía mucho frío y había demasiada gente, así que he ido medio dormido todo el camino. Esta vez, mi padre no me ha hecho oler nada en especial, aunque había olores raros. Cuando hemos salido, me ha llevado mi madre en brazos y me he vuelto a emborrachar, como si de repente estuviera paseando por un rosedal o por un jardín japonés. Y así hemos llegado a casa y se me ha abiert el estómago y me he puesto a chillar porque tenía un hambre.....


HOY CUMPLO UN MES... ¿O FUE AYER?


Esto que ven es mi regalo. Hoy cumplo un mes y mi madre me ha regalado lo que más me gusta.

En realidad no sé si es hoy, que es 22, o ayer que fué 21. Como dice mi padre, la culpa de todo es de un tipo que se llama Einstein y que se inventó ese asunto de la relatividad del tiempo. Porque cuando yo nací, era 22 de septiembre en Málaga. A la 1:20 de la mañana, una señora muy agradable recortó la vagina de mi madre, me abrió la puerta, por decirlo de alguna manera, y así pude sacar el cabezón. Pero, en ese mismo instante, era 21 de septiembre en Buenos Aires, aún muy lejos de que fuera 22. Así que es todo un poco extraño. ¿Me generará esto un conflicto posterior que sólo podré resolver en largas sesiones de terapia? ¿deberé recurrir al psicoanálisis para determinar con certeza qué día es mi preferido para celebrar mi cumpleaños? ¿Si decido que es el 21 no será que estoy materializando mi aproximación casi edípica con mi Madre (Buenos Aires) renunciando de forma voluntaria a la de mi Padre (Málaga)? ¿Si decido que es el 22 (Málaga)no reflejará un estado de proximidad casi enfermizo con mi padre, anulando de alguna forma, todo eso que la Madre supone (Buenos Aires)? En fin, que como ven, cualquier cosa me puede conducir al diván de un psicoanalista, porque tome la decisión que tome, de alguna forma todos mis actos se verán marcados por esta decisión. Afortunadamente, en el billón largo de neuronas que todos los niños tenemos al nacer, alguien ha metido el sentido común. Y ¿qué dice mi sentido común? ¡Celebra dos cumpleaños! Sólo son ventajas: dos fiestas, dos tartas, dos veces apagar las velas, dos veces pedir un deseo. Incluso puedo pedir el mismo deseo dos veces.

En cualquier caso, hoy llevo un mes agarrado a la teta de mi madre. Y la veo y me quedo así, pasmado, paralizado. Es eso que algunos llaman el Síndrome de Florencia, esa parálisis que produce ver tanta belleza en tan poco espacio de terreno. No tengo ni idea de qué es eso de Florencia, pero seguro que no es nada comparable con esto.


TITERES


Estos son los títeres que, de vez en cuando, utiliza mi padre para distraerme. Los pone delante de un almohadón blanco o rojo, depende de la obra que se represente, y los mueve e imita voces. Él se cree que yo no sé que están enganchados a sus dedos, cree que me engaña. Y lo hace, pero sólo porque yo quiero que me engañe.

Les ha puesto nombres muy raros. Sólo recuerdo el nombre del búho, "Uh-Uh". Se llama así porque es el único que no dice nada y que, cuando lo hace, sólo sabe decir "Uh-Uh". Se parece a mí, que sólo sé decir "Ah-Ah". Todos los demás, le hablan, le dicen cosas que no entiendo, y el búho responde "¿Uh-Uh? o ¡Uh-Uh!", depende del momento. También me gusta mucho ese que parece un brujo, el que es rojo y lleva un sombrero negro. Mi padre le ha llamado Merlín, y yo le llamo "U-ho". Pero como no se lo puedo explicar a mi padre, él insiste en llamarle Merlín. Y hay más. Está Makbez, Jamlet, Falstaf, Sailok, Otelo. El dragón se llama Dragkuin. Y hablan y hablan entre ellos y conmigo, pero me hago un lío. No se sí Jamlet es el que tiene un lío con Dragonkuin y aparece Makbez que es hermana o tía de Ofelia y que son todos amigos de "Uh-Uh", o si es al revés. No importa, yo me lo paso bien y eso es lo que cuenta.

Trato de agarrarlos, pero aún no tengo muy desarrollado esto de los brazos y las manos, así que parezco un molino que abre y cierra sus puños. Con lo único que sé agarrar es con la boca. Alguna vez, mi padre me metió a Dragkuin en la boca. Sabe a rayos. Es seco y horrible. Ahora quiero probar a los demás. Pero sobre todo a "Uh-Uh". Aunque sólo sea para decirle "Ah-Ah"


21 octubre 2004

LA PRINCESA ANAHI


Mi padre me lee, y entonces me entra sueño.

Ahora me está leyendo "Historia Argentina" de un tal Fresán. Y sólo he llegado hasta el fin del primer capítulo, ese en el que la aparece la bellísima princesa Anahí. Es entonces cuando me entero que tengo una tía más, tengo más tías y tíos que cualquier otro niño en la Tierra, que también se llama Anahí y que es la que le regaló el libro a mi padre. Y, aunque no entiendo casi nada, sí entiendo Anahí, porque es una palabra que está llena de vocales y que suena muy bien.

Pero mis padres me leen. El otro día, me encantaría decir "ayer" o "antesdeayer" pero mi percepción del tiempo es aún extraña, mi padre me empezó a leer un libro de tapas rojas que se llama "El Factor Borges". Y me gustó. Lo sé, porque antes del tercer párrafo ya estaba en un sueño lleno de colores y de sonidos dulces y armónicos. Probablemente estaba soñando con la teta de mi madre, la izquierda, que es un poco más bonita. También me han leído un libro de Toni Morrison, un libro que me ha regalado otra tía mía, la tía Paola. Ese es el que más me gusta porque tiene las páginas muy grandes y está lleno de colores y de manchas borrosas que me gustan mucho. Con ese tardo un poco más en dormirme porque me gusta mucho ver las páginas, me gusta ver tanto color.

Eso que hago en la foto, bostezar, lo hago con frecuencia. Dicen los manuales que es un gesto automático pero les digo la verdad: bostezo porque tengo sueño. Porque cuando tengo hambre, chillo. Y cuando me aburro... bueno, es difícil aburrirse en esta casa.


EN LA PLAYA POR PRIMERA VEZ


Esa mujer que me sostiene en brazos es mi madre. Estamos en la playa. Esto fue hace dos días, pero coincidió con el Hito Histórico (mi abuelo argentino me cogió en brazos).

Como ven estoy bebiendo. Constantemente tengo sed. Ocho veces al día tengo que beber. Bebo durante casi una hora, a veces menos, como ese día en la playa. Cuando hay mucha gente, cuando estamos en la calle, me doy mucha prisa. Bebo y no hago nada más, hasta que se me pasa la sed. Pero si estoy en casa, bueno la cosa es diferente. Me tomo mi tiempo, como hacen los buenos borrachos delante de una botella de buen vino. Me acerco, huelo el pezón, como el que huele un corcho, con los ojos muy cerrados. Me emborracho del perfume de mi madre. Es casi un momento místico. Y luego, poco a poco, acerco mi boca a la punta oscura del pezón, doy un pequeño sorbo, dejo que se quede en mi boca durante unos segundos y, lentamente, lo trago, paladeando, apreciando su bouquet.

Ese día me di prisa. La playa estaba muy vacía y, si les digo la verdad, no me enteré de nada. Mi padre hizo un esfuerzo para que viera el mar, para que escuchara el sonido de las olas, para que tocara la arena fría de la playa. Pero no le hice ni caso. No abrí lo ojos, hacía mucho sol y estaba bastante dormido. y cuando los abrí, lo único que quería ver era una teta, la teta de mi madre. Además, el mar va a seguir ahí, por lo menos hasta que crezca un poco más. o eso espero.

Luego, fuimos a un bar con Kepa, un amigo de mi madre y se comieron un chocolate con churros. Y lo sé, porque mi padre me puso en la nariz un trozo de churro mojado en chocolate para que lo oliera. Pero yo... bueno yo estaba dormido otra vez. Más que dormido, pensativo, reflexivo. Ya saben, esa cara que ponen algunas personas cuando piensan muy concentrados, con los ojos muy cerrados, las manos sobre la cara...


MI BIBERON


¿No les parece espectacular mi biberón de Vélez Sarsfield, el mejor equipo de fútbol que existe en la Argentina, a la altura del Milán, el Manchester o el Málaga?

ESTO NO ES LO QUE PARECE


Esta foto no es lo que parece. No soy yo sujetándome el pito.

Lo que estoy sujetando es un dedo de mi padre. Dicen, o eso me parece entender, que las manos que tengo se parecen más a las de mi madre. Y yo me pregunto, ¿por qué tengo que parecerme a alguien? Está bien eso de parecerse a alguien pero... ¿Todo tiene que ser parecido? ¿No hay nada de mí que sea único, irrepetible? No estoy harto de estas comparaciones, pero mirándome en las fotos, veo que soy bastante más atractivo que mi padre y algo más sexy que mi madre. Además, tengo los ojos azules con un fondo gris. ¿Cuál de los dos tiene los ojos así? Yo se lo voy a decir: Ninguno de los dos. Imagino que este asunto de las comparaciones se pasará, que no es más que una moda. Esto es lo que pasa con las cosas nuevas, siempre hay que compararlas con algo para que cobren sentido. Y no, esto no es así, porque yo no soy ninguna cosa. Soy pequeño, no se hablar, apenas puedo ver y comprender qué veo, apenas entiendo nada de lo que escucho y todo lo que quieran, pero no soy ninguna "cosa".

Pero a lo que vamos. Es soprendente lo pequeñas que son mis manos aunque, en conjunto, todo el mundo dice que soy muy grande. Los malagueños le llaman a eso "nacer criado". De ese momento, del momento exacto de ver la luz artificial por primera vez, apenas tengo recuerdos. Sólo que hay demasiada luz y hace demasiado frío. Y que me miden y que me lavan y que me ponen en los brazos de la que luego es mi madre y más tarde en los del que luego ha resultado ser mi padre. Y luego una voz que reconozco, una voz de mujer diciéndome "Mi amor, mi amor, mi amor" muchas veces, la voz de mi madre. Y mi primer grito. Y algo que no es más que tela encima de mi piel. Y luz, una luz cegadora y muy blanca, tan blanca que no puedo ver nada.

Llevo ya casi un mes fuera del vientre de mi madre y, si quieren que les diga la verdad, se está mejor fuera. Es más divertido.


20 octubre 2004

MIS TIOS POSTIZOS


Estos dos chicos que están a mi lado son mis Tíos. No lo son, no en el sentido ese que todo el mundo usa para definir lo que es un tío. Pero para mí, lo son. Ella, la chica de los ojazos enormes y el pelo largo se llama Natalia. Él, el chico con la gorra con visera, se llama Fede. Viven en Torremolinos, un pueblo que está muy cerca de aquí. No se me ve muy bien, pero ahí estoy, chillando como un loco, retorciéndome de dolor porque se me atasca un pedo. En esos momentos, me pongo rojo como un pimiento, pataleo, cierro las manos como si tuviera un tesoro o una joya. A mis tíos no les importa en absoluto que grite, porque son lo suficientemente pequeños para saber que no me pasa nada. hasta no hace mucho, ellos también se retorcían de dolor con los pedos y con los eructos. Por eso aparecen riéndose en la foto.

Cada día que pasa veo más y escucho más. Sigo sin entender nada, pero ahora ya puedo relacionar la imagen de un señor con gafas con una voz, la imagen de una mujer morena que tiene unas tetas preciosas cargadas de comida con la de una voz dulce. De esta forma, desde hoy puedo saber dónde están mi padre o mi madre con un error de más/menos diez metros. Puedo saber si están en la cocina o en el cuarto de baño o en el dormitorio. O eso creo. De mis tíos, de estos tíos que salen en la foto, aún no tengo un registro de su voz. Pero espero tenerlo pronto.


19 octubre 2004

MI ABUELO ARGENTINO


Esta fotografía es un Hito Histórico.

Ese señor que me sujeta en un solo brazo es mi abuelo Oscár, sí con acento, porque es así como lo dice él. Hoy ha sido el primer día que se ha atrevido a cogerme en brazos. Y no me he portado muy mal, he gritado un poco pero no por su culpa, aunque no me sujetaba en una posición muy cómoda. He gritado porque se me ha atascado un pedo y se me ha hecho un nudo en el estómago y hasta que no he podido vomitar y me han zarandeado un poco para que el pedo saliera, no he podido relajarme. Ahí está sentado y es porque ya está cansado.

Mi abuelo Oscár es de la Argentina, igual que mi madre, oriundos de la ciudad de Buenos Aires. Mi padre es de la España, nacido en la ciudad de Madrid. Y yo soy Andalú. Boquerón, porque es así a como se llama a los que han nacido en Málaga. Mi abuelo se pasa casi todo el día hablando de fútbol. Sabe mucho de fútbol. Él me ha hecho socio de un equipo de allí, el Vélez Sarsfield, y me ha prometido que cuando vaya a la Argentina, me va a llevar a la cancha que debe ser un campo de fútbol, aunque no estoy seguro. Aún tengo algunos problemas para entender las palabras. Por ejemplo, mi abuelo no me ha hablado de fútbol, para escucharle están mi padre y mi madre. A mí sólo me decía "Bueeeeeno, bueeeeeno" o "¿Se armó la bronca, Sebastián?". Pero ha estado bien estar en los brazos de mi abuelo, a pesar de que estaba en una posición algo incómoda, a pesar de esa camiseta naranja sin mangas y a pesar de que esté un poco sordo. Pero a mí, lo que es ahora, tampoco me importa mucho: no tengo mucho que decirle, salvo alguna vocal o algún grito agudo.

Y hoy hemos salido a la calle por la noche y caía agua desde lo alto, agua fría. Y la calle estaba resbaladiza. Y casi no había nadie en la calle. A eso le llaman Tarde de Lluvia. No me ha gustado nada eso de la Tarde de Lluvia. Prefiero los Hace Un Día Espléndido.


18 octubre 2004

ALCOHOLICO


Ese soy yo después de emborracharme de leche. Esa es la cara que se me queda, y ahora que puedo verme, reconozco a un borracho. Y es que soy un Bebedor.

Cada tres horas, ese monstruo desconocido se apodera de mis tripas y quiere comérmelas. De verdad, no puedo explicarles cómo es. Es como tener una serpiente dentro de las tripas, que las hace arder. Y me entra la sed. Y bebo para olvidar que tengo la serpiente. Y me paso casi una hora bebiendo, aferrado a la teta de mi madre, primero la derecha, luego la izquierda, luego otra vez la derecha. Y mientras estoy ahí, sujeto con mi boca sin dientes a ese pezón ovalado, me siento realmente feliz.

De momento es lo único que puedo identificar con claridad: el pezón de mi madre y su olor. Porque es lo único que sé oler. No distingo más perfumes que el de mi madre. Y no es que sea un niño de esos que llaman "enmadrados", es que es así. Es natural. Además, ¿para qué tengo que fijarme en el olor de los demás si ninguno de ellos me va a dar de comer? Hay que ser pragmático, y a estas alturas de mi vida, cuando aún no he cumplido un mes, tengo que centrar mis esfuerzos en lo que es esencial. Y lo esencial para mí es comer y dormir. Y chillar, pero eso es cuando no puedo hacer ninguna de las dos cosas anteriores o cuando quiero tirarme un pedo y no sé cómo. O cuando quiero cagar. Y además, tampoco tengo todo tan desarrollado como para poder fijarme en el olor de las personas, o en distinguir otra cosa que no sea el pezón. Oír, lo que es oír, oigo. Pero si mi padre supiera que sólo entiendo algunas vocales, no creo que estuviera tanto tiempo contándome cosas interesantes que sé que no voy a recordar. Si mi madre supiera que sólo entiendo las aes y las ies y las oes, pero que no sé que hacer con las "Us" y con las "es", pues probablemente no me diría tantas cosas con la "e". Pero ellos no lo saben.

Pero se me va la cabeza. Centrémonos. Me veo y, desde luego, veo un borracho.

Me encanta estar borracho, emborracharme de las tetas de mi madre, beber hasta que me saca de su pezón, ya abatido, como los grandes borrachos caen sobre las mesas de madera de los bares sórdidos que están junto a las estaciones o los puertos. Y quedarme así, deformado, ciego de leche, aplastado contra el pecho de mi madre, vomitando al menor movimiento, incapacitado para articular ni una vocal (y mucho menos una consonante).

Me gusta ser un Bebedor Compulsivo.

17 octubre 2004

EN EL BAÑO


Esa es la cara que se me pone en el baño.

Antes, esos señores que aseguran ser mi padre y mi madre, me bañaban en el lavabo. Pero, por lo visto, soy muy grande y no entro bien. Así que decidieron utilizar la bañera que, para mí, tiene el tamaño de una piscina olímpica. O casi. A mí todavía me da un poco de miedo el agua, para que nos vamos a engañar. Pero supongo que se me pasará como supongo que se le pasa a todo el mundo. Lo mejor del baño es que puedo tirarme pedos y hacer burbujas. Es extraño, pero cuando me tiro un pedo, a pesar de que huelen fatal, mis padres se alegran. Me animan. Me jalean. me gritan, "¡Vamos todavía, Gordo!" y cosas así.

Lo peor del baño es salir. Sobre todo porque fuera del agua siempre hace frío. Y porque la toalla no es tan suave como parece. Está llena de protuberancias raras y me pican, pero como no se hablar no puedo decirles, "Tirad la toalla y envolvedme en seda", así que hago lo único que se hacer bien: Chillar y Patalear. Pero, claro, ellos no entienden nada. Yo tampoco les entiendo a ellos, pero parece que nos vamos arreglando. De todas formas, sospecho que esto del baño no es más que un experimento cientifico, como si yo fuera un perro y mi padre fuera Pavlov, porque después del baño SÉ que toca comer, engancharme a la teta de mi madre, lo único que soy capaz de distinguir con precisión. Así que si no me dan la teta de mi madre rápido, siento un agujero en el estómago, un vacío que me envuelve las tripas y chillo y pataleo. Pero ellos aún no comprenden que no es por la toalla ni por el frío ni porque quiero seda.

Es lo malo de hablar un único idioma.

16 octubre 2004

ESTE SOY YO (el día en que empiezo a escribir)


Este soy yo...